NO ME LO TENGAS EN CUENTA: ‘Adán y Eva’, un éxito al desnudo

La polémica estaba servida incluso antes de empezar. Y es que desde que Mediaset anunciase la emisión del controvertido reality Adán y Eva, las críticas y comentarios negativos hacia el mismo no han dejado de sonar. No obstante, como bien dicen desde la cadena, “no importa que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de ti”. Y, sin duda, así ha sido.

La posibilidad de ver cuerpos desnudos en prime time sin censura alguna se predisponía como una atracción mayoritaria para curiosos y voyeurs, para escépticos ante el “sin censura” y para amantes de los realities. Pero a juzgar por las audiencias y el éxito cosechado, el abanico se ha ampliado considerablemente; aun con el predominio sobre los jóvenes. Entonces, de ser así, ¿cuál es el motivo de las críticas? ¿Por qué esa mala imagen si luego la gente se mantiene frente al televisor sin cambiar de canal?

Nos encontramos ante un nuevo caso del llamado “fenómeno GH”. Es decir, “¿Yo? ¡Yo qué voy a ver eso! ¡Ni loco!” –pero luego son los primeros en sintonizar el canal–. Y es que parece difícil aceptar que la sociedad no sólo pone la televisión por los informativos o debates políticos. Si 2.816.000 personas siguieron el estreno de Adán y Eva, y 124.222 menciones fueron las que se publicaron en Twitter, ¿es necesario apuntar cuánta gente optó por los informativos?

A la sociedad le gusta el morbo y Mediaset es un especialista en saber repartir dosis con éxitos sonados. Unos dicen que el sensacionalismo y la degradación humana son las claves de la cadena, otros entienden que su línea editorial dista bastante del resto. Sin embargo, en muchos casos, sólo basta comprender que su objetivo es lograr captar a una determinada audiencia que produzca beneficios. Y nadie puede negar que no suelen fallar.

Seamos realistas, las bonificaciones económicas que Cuatro ha podido lograr tras emitir a dos personas desnudas mostrando su ignorancia con respecto a la geografía española –argumentando que La Alhambra está en Córdoba o descubriendo que el Manzanares es el río que atraviesa Madrid-  habrán sido mayores que cualquier comentario negativo hacia el programa. Además, hay que destacar que esta serie de pensamientos son expuestos en las redes sociales, provocando un efecto adverso de viralidad que pronto se reproduce en una mayor atracción hacia el programa por parte de otras personas.

El último caso al respecto de este programa es la falsa noticia que se publicó hace unos días en ‘La nueva Asturias’. Estos aseguraban que un concursante del reality había sido trasladado al hospital tras introducir su pene erecto en una botella de sidra y no conseguir sacarlo a posteriori. Vamos, lo normal. No obstante, como muchos medios no se extrañaron ante una posible información de este tipo, lo dieron por verídico al instante; provocando de este modo un bulo viral que recorrió las redes sociales en pocas horas. Aun así, insisto, era mentira. Una buena ejemplificación que demuestra que la sociedad entiende a la gente que participa en este tipo de espacios como (póngase aquí un adjetivo calificativo despectivo).

Nos gusta sentirnos superiores intelectualmente ante semejantes programas, ante semejantes concursantes. Creemos saberlo todo y disfrutamos viendo en el televisor cómo una serie de personas quedan en evidencia, para más inri, sin ropa de por medio. Y no es porque lo diga yo, sino porque existen diversos estudios que así lo demuestran.

Sin embargo, a la vista está que la gente continúa sentándose frente al televisor en sus horas de emisión. Entonces, ¿cuál es el problema para asumir que, en realidad, sí conocen todo lo que les he contado en estos párrafos? ¿Cuál es el problema para reconocer que una vez más se han vuelto a enganchar a un programa de estas características? ¿Cuál es el problema para admitir que ‘Adán y Eva’ ha sido un éxito?

Por Miriam Puelles (@miriampuelles)

Miriam Puelles

Dicen que nací con un mando a distancia bajo el brazo, pero ni así pude evitar ver a Leticia Sabater hacer flexiones por televisión. Sin embargo, no todo fue malo. Aprendí a imitar a Lina Morgan, me creí un genio de lámpara con Paz Padilla, cantaba “*furor furor nana nana nanara*” a todas horas y siempre quise participar en ‘Soy el que más sabe de TV del mundo’. Tal vez por ello ahora me dedico a escribir sobre mi adorada pequeña pantalla. Y, tal vez por eso, hice de ello mi modo de vida.

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