Crítica de teatro | Cabaret, de Jaime Azpilicueta

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Pasen y vean el grandioso espectáculo que el equipo de Cabaret, dirigido por Jaime Azpilicueta, nos tiene preparado en el teatro Rialto de Madrid, en plena Gran Vía.

Excelente trabajo de todo el elenco. Aunque, como es lógico, destacan sus tres protagonistas, no se queda atrás el resto de personajes. Si tuviera que elegir a un secundario, elegiría a Fraulein Schneider (Marta Ribera), pero para gustos los colores.

Vayamos con los tres pilares. Como maestro de ceremonias se presenta EMCEE, tras el que se esconde el polifacético Edu Soto, quien levanta las carcajadas más sonoras y quien deja alguna que otra perla vocal. Dani Muriel encarna a Clifford, un novelista en ciernes que ve su llegada a Berlín como un punto y seguido y se encuentra con que su marcha es un punto y final. De los tres, quizás sea el papel más discreto, no por defecto suyo, sino por virtud de la que me he dejado para el final por ser para mí un verdadero descubrimiento, vocalmente hablando. Grande, muy grande, Cristina Castaño que se mete en la piel de la figura estrella del cabaret, Sally Bowles. Estoy convencida de que más de uno al verla salir pensó: «a ver» y al momento dijo: «¡ahí va!». Creedme, a los que no conozcáis su faceta como cantante os sorprenderá.

Al Kit Kat Klub hay que ir con ganas de divertirse, de disfrutar de los actores, los músicos, las letras, las coreografías y el cuidado acompañamiento (escenografía, iluminación, sonido, vestuario, maquillaje y caracterización), magnífico sin duda. Mi recomendación es la misma que la de los chicos y chicas, entrad y quedaos, «la vida es un cabaret sin más», id al cabaret. ¡Ah! Eso sí, yo no cogería pasillo.

Es una lástima que el amor no siempre lo pueda todo, que haya que renunciar a ser feliz por ser, a secas; que por mucho que uno quiera creerse alguien en el mundo en el que vive, «gira el mundo igual aunque usted no esté, es así, ¿y qué?».

Una vez más se demuestra que el ser humano huye de la realidad y el dolor hasta que se los ponen delante de las narices. Te han situado en el Berlín de los años 30, sabes lo que está pasando, sabes lo que va a pasar, pero todo es jolgorio en las butacas hasta que EMCEE se quita el abrigo y un pitido ensordecedor estremece el teatro. Entonces se te corta la respiración, se te pone la piel de gallina y lo único que quieres es salir de allí, como quisieran haber salido tantos. La diferencia es que a nosotros nos encendieron las luces y nos abrieron las puertas.

Es cierto que la unión hace la fuerza: elenco, músicos, equipo creativo, teatro y, mientras quiera, público crean la atmósfera perfecta para deleitarse con uno de los musicales por excelencia.

Brindo por el éxito de Cabaret, para que el Kit Kat Klub abra sus puertas muchas noches. Prost!


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Margarita Pérez

Me apasiona que me cuenten historias desde las tablas, desde la gran pantalla o desde la caja lista. ‘Mary Poppins’ me enganchó al cine, ’10 negritos’ al teatro. Nací con una tele debajo del brazo y un lápiz en la mano izquierda. «Librívora» desde la cuna. Escribo porque no sé vivir de otra manera. Ingeniera de Telecomunicación. Madrid, Madrid, Madrid…

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