CRÍTICA DE TEATRO | Los vecinos de arriba, de Cesc Gay

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Los vecinos de arriba podría resumirse en dos frases: no es oro todo lo que reluce y en todas las casas cuecen habas.

Julio (Xavi Mira) llega a casa buscando tranquilidad, pero se encuentra con un «pica pica» organizado con premeditación y alevosía y una alfombra nueva. Ana (Eva Hache), su mujer, ha decidido invitar a los vecinos de arriba para agradecerles, con jamón y vino, que les prestaran un martillo.

El primer tema de discusión es precisamente eso, el tema. Julio quiere aprovechar la coyuntura y recriminar a sus vecinos Laura (María Lanau) y Brian (Andrew Tarbet) su costumbre de hacer ruidos un tanto molestos a unas horas un tanto inusuales, pero Ana considera que no es el momento. A partir de ahí comienzan los esfuerzos de Ana por evitar lo que termina siendo inevitable. Lo que empieza siendo un «pica pica» aparentemente inocuo termina siendo una partida de dardos envenenados en la que la ironía es el cuchillo con el que se corta la tensión del momento.

En esta ocasión, los pantalones los llevan los dos personajes masculinos que se encargan de provocar y librar la batalla por demostrar quién es el macho alfa. Las mujeres intentan apaciguar los ánimos y echan más leña al fuego a partes iguales. Julio se defiende con orgullo del exceso de sinceridad de Brian, mientras que Laura intenta transmitir parte de su tranquilidad a una Ana que es incapaz de esconder su nerviosismo. Cada uno intenta esquivar las verdades hechas piedra que salen de las manos de los que creen estar libres de pecado, una munición que parece no acabar nunca. En definitiva, un cuarteto explosivo que va a dar mucho que hablar y mucho que discutir.

No hubo escena ante la que el público no riera —prometo que no miento— gracias a que los actores reflejan las reacciones que tendría cualquiera de nosotros ante unas situaciones que resultan familiares entre los miembros de una pareja o de una comunidad de vecinos, quien más y quien menos… Incluso los habrá que tengan que pasar por la misma decisión final, que no todo son risas.

Andrew Tarbet se llevará casi todos los elogios, seguro, por lo divertido de su personaje, pero yo me quedo con la actuación de Xavi Mira. Además de en las frases lapidarias, fijaos en el lenguaje corporal de los actores, lo mejor. Ahí gana Eva Hache, un poco forzada al hablar, deja que sus caras y sus gestos lo digan todo. Muy buena la actuación de María Lanau en el papel más discreto, siempre complicado, que sirve de apoyo a los otros tres personajes.

Estos divertidos vecinos os esperan en el Teatro Bellas Artes y me consta que es difícil encontrar un hueco en su salón de tantos invitados como quieren verles. Si yo fuera vosotros, no me perdería la primera obra de teatro de Cesc Gay; eso sí, mejor dejar a los niños en casa si no queréis sentiros apurados como les pasó a los padres de la familia que se sentó en la misma fila que yo. Aunque a lo mejor preferís responder a todas sus preguntas; a lo mejor estáis habituados a este tipo de situaciones, quiero decir, a ese tipo de vecinos, que me he puesto nerviosa. Me he imaginado estar en el lugar de los padres y me he puesto muy nerviosa.

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Margarita Pérez

Me apasiona que me cuenten historias desde las tablas, desde la gran pantalla o desde la caja lista. ‘Mary Poppins’ me enganchó al cine, ’10 negritos’ al teatro. Nací con una tele debajo del brazo y un lápiz en la mano izquierda. «Librívora» desde la cuna. Escribo porque no sé vivir de otra manera. Ingeniera de Telecomunicación. Madrid, Madrid, Madrid…

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