CRÍTICA DE TEATRO | Prefiero que seamos amigos, de Tamzin Townsend

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Lolita y Luis Mottola en una escena de “Prefiero que seamos amigos” (Teatro La Latina)

Claudia (Lolita Flores) vive sin vivir en sí y ha decidido que ya no aguanta más, le va a decir a Valentín (Luis Mottola) lo mucho que le cuesta ser su amiga, como cantaría otra Flores. Valentín, que no es tonto, a ratos lo parece, lo que hace que todos los esfuerzos de Claudia caigan en saco roto.

La mujer lo intenta, se pone sus mejores galas y prepara lo que pretende ser una cena romántica en un ambiente poco habitual; música, champán e incluso un cruce de piernas a lo Sharon Stone en Instinto básico (no sabemos si preparado, o no). Está convencida de ir a por todas, pero después de una ristra de indirectas varias, de repente, algo tira por tierra todas sus aspiraciones: a Valentín no se le ocurre otra cosa que decir: «Prefiero que seamos amigos». ¡Boom! Estalló la guerra, de la ilusión pasamos al reproche y de las proposiciones al interrogatorio. A partir de ese momento el acoso y derribo se convierte en la mejor de las estrategias. El despecho de Claudia se disfraza de ironía e inquisición, armas con las que intenta pillar desprevenido a un Valentín que no baja la guardia.

Una comedia entretenida de duración adecuada protagonizada por un diálogo intenso a golpe de réplicas sagaces y rápidas, siendo los breves monólogos los únicos respiros. Puede que los más exigentes piensen que es un tanto monotemática, pero se centra en lo que se tiene que centrar y nos regala una vuelta de tuerca que da mucho juego.

Creo que, inconscientemente, construí en mi cabeza la idea de cómo sería Lolita en el teatro, deformación televisiva quizás. En parte me equivoqué y en parte no. Creo que aún no se maneja tan bien sobre las tablas como delante de las cámaras, principalmente a la hora de proyectar la voz y repetir la frase cuando ocasionalmente se equivocaba, pero me alegró no reconocer a Lolita tal y como es en la pequeña pantalla y, sobre todo, he de decir que lo poco que cantó me sirvió para darme cuenta del potente directo que tiene, además de ser capaz de aprenderse un guion de hora y media una mujer que asegura con humor olvidarse de la letra de las canciones. Luis Mottola encarna a la perfección la templanza de su personaje, que hace de contrapunto al torbellino en el que se convierte el personaje de su compañera. La mayor prueba de esto es que siendo el que lleva las de perder en cuanto a protagonismo, siendo el malo de la película, consigue que no se entienda la una sin el otro y así Claudia y Valentín, Lolita y Luis, se convierten en un tándem estupendo.

Os la recomiendo, pero id sin expectativas, dejando que os sorprenda cómo de una frase de la que se podría hacer un drama sale una comedia en la que los personajes nos divierten discutiendo y cantando sin casi moverse del sofá (me refiero a ellos). Yo que ya disfruté de Prefiero que seamos amigos me voy a permitir el lujo de coger prestada la frase «tener un erizo en el monedero» para cuando sea que la necesite, que la necesitaré.

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Margarita Pérez
Me apasiona que me cuenten historias desde las tablas, desde la gran pantalla o desde la caja lista. ‘Mary Poppins’ me enganchó al cine, ’10 negritos’ al teatro. Nací con una tele debajo del brazo y un lápiz en la mano izquierda. «Librívora» desde la cuna. Escribo porque no sé vivir de otra manera. Ingeniera de Telecomunicación. Madrid, Madrid, Madrid…

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