REVIEW | Maestros de la costura #6: Salseo, contradicciones y lágrimas

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Cada programa se supera, para bien o para mal. En el sexto programa, nada más comenzar, nuestra querida presentadora Raquel Sánchez Silva decide buscar el salseo afirmando que hay dos grupos: los que se alegran de la vuelta de Eduardo y los que no. En ese momento a mí me da la risa floja al escuchar tal obviedad. Pero no solo por no habernos descubierto América, si no porque en el quinto programa comenzaba preguntando a los aprendices si habían echado de menos a Eduardo. Al menos podríais disimular un poquito y dignaros a hacer la misma pregunta con el resto de expulsados. Creo que mucha gente, entre la que me incluyo, esperaba que tuvieseis la decencia de preguntarles si echaban de menos a Sergio. Personalmente, yo sí. Mi católico favorito y uno de mis finalistas no está y eso se nota.

Eduardo vuelve a las andadas. ¡Qué novedad! Cuando deberían empezar a explicar la primera prueba, le dan sus eternos y cansinos minutos de gloria y termina vaciando el cajón de mierda. Estela Reynolds a su lado es una novata del drama. Al parecer Anna tiene problemas con Alicia, y esta ha sido la última en enterarse. Se suponía que Anna y ella eran buenas amigas, al menos hasta que la primera se rebotó por no entenderse con su amiga del alma al trabajar juntas la anterior semana. Y ahí sí que pienso igual que Alicia, quien ha dicho que una cosa es la amistad y otra la relación profesional. Tiene toda la razón, para muestra un botón. Eduardo trabajando con sus amigos no hace absolutamente nada. El caso es que llevan mucho tiempo atacando a la que veo como la ganadora del concurso. Tanto que antes de que Alicia se derrumbase y se echase a llorar, me parecía vergonzoso el trato que han tenido hacia ella. «¡Qué salseo!» comentaba Eduardo, el rey de la hipocresía, ya que todo eso lo había provocado él.

Dejando a un lado el feo que Anna le hizo a Alicia, vayamos a la primera prueba. Los aprendices tenían que hacer un vestido de tejido de seda sobre el maniquí y, como siempre, disponían de noventa minutos para ello. Mientras los aprendices trabajaban pudimos ver al señor Lorenzo Caprile creando sobre la marcha un vestido rojo maravilloso. Me encanta cuando los maestros de verdad se ponen a demostrar por qué son jurado y no se puede negar que Caprile nos enamora a todos. Después se acerca a Eduardo para darle consejos, pero para variar este se lo toma todo a mal. «Las palabras de Caprile me desmotivan. Me dan ganas de sentarme y no hacer nada» asegura Edu. Para cinco minutos que te vemos trabajar, ¿ya estás pensando en sentarte?

Al final de la prueba tengo que confesar que me enamoré perdidamente del vestido que hizo Jaime. El valenciano tiene un arte que no se puede aguantar. Pero ya no canta. ¡El país necesita al Jaime cantarín! ¡Vuelve ya! Caprile le aconseja a Jaime que confíe más en sí mismo. Llega la hora de valorar sus trabajos y mientras María Escoté está haciendo lo propio con el vestido de Alicia, Eduardo murmura «es una erudita». Escoté pone en su sitio a Eduardo al momento y con una elegancia matadora. Poco después, Caprile y Palomo se suman y le paran los pies también. ¡Viva el jurado! Como diría mi adorable Sergio: ¡Gracias Dios!

En un tercer puesto está Jaime, en el segundo Eduardo y la primera Alicia. Me quedo con una frase que mi Julia Stiles dice al final de la prueba: «Las personas están firmando su biografía programa a programa».

Un cambio de jefes de taller descoloca a los equipos

En la segunda prueba los aprendices se van al taller de Custo Barcelona y es Alicia quien crea los dos equipos. En uno deja a Edu, Antonio, Mahi y Anna. En el suyo a Jaime, Pa y Luisa. Deben confeccionar cinco camisetas en una hora. Y antes de empezar, para variar, ponen a parir a Alicia por no seleccionar a Anna para su equipo. Ella explica que lo ha hecho precisamente porque Anna decía que no trabajaba bien con ella. Totalmente lógico. Que alguien me explique dónde está la maldad en eso, porque yo no la encuentro por ningún lado. Esto empieza a ser Alicia en el país de los envidiosos. Cada equipo tiene que escoger al jefe de taller del equipo rival. El grupo de Alicia, Jaime, Luisa y Pa escogen a Eduardo. Y el contrario a Luisa. ¿Por qué a Luisa? Según Edu, porque es una hortera. Sin embargo, la hortera le ha salvado el culo cuando el jurado ha intercambiado a los jefes de taller en el último momento. Se salva el equipo de Luisa, pero no ella que se hunde gracias a la desorganización de Eduardo.

A la prueba de expulsión se van: Luisa, Antonio, Anna y Mahi. Los aprendices deben hacer una reinterpretación de la chaqueta Channel y tienen dos horas para ello. Al final salen a la palestra Anna y Mahi. Aunque el jurado coincide en la evolución gigantesca de Anna, la expulsan. A pesar de lo mal que lo hizo con Alicia, me sabe fatal y para colmo se ponen casi todos a llorar. «Estoy llorando hasta yo», dice Palomo. Pero a mí se me parte el corazón cuando veo a Caprile llorando y sin poder contenerse. Puede que sea el más crítico, pero es imposible no adorar a este hombre. Como a Palomo, a mí también se me ha escapado alguna lagrimilla.

Aprovechando que el programa no lo ha preguntado, ya lo hago yo: ¿Habéis echado de menos a Sergio? ¡Que vuelva, por favor!

PD: ¡Aguanta, Alicia, aguanta!

Mariví González

Feminista. Hada madrina en prácticas. Opino sobre muchas cosas, para bien o para mal. Periodista freelance. Intento de influencer cultural.

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