Críticas de cine >> ‘La Herida’ de Fernando Franco

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SINOPSIS

Ana tiene 28 años, se siente útil y satisfecha en su trabajo rutinario ayudando a otros. Sin embargo, fuera de su jornada laboral, Ana tiene serios problemas para relacionarse. Es socialmente torpe, incluso agresiva, con las personas más cercanas y queridas. Ana no puede controlar este comportamiento, ni sus emociones, por las que sufre y se atormenta, sintiéndose culpable. En el fondo sólo querría estar bien consigo misma y con los demás, ser feliz. Poco a poco, su conducta se va haciendo cada vez más autodestructiva, llegando a autolesionarse, sintiéndose cada vez más aislada. Ana padece lo que los psiquiatras llaman Trastorno Límite de la Personalidad, o Conducta Borderline. Pero ella no lo sabe.

CRÍTICA

 

Fernando Franco no es un primerizo en esto del cine. Hasta ahora dedicado al montaje de películas, con «La Herida»
se estrena en la silla de director de largometrajes y firma el primero con éxito. Especialmente por haber sido galardonado con el Premio Especial del Jurado en el último Festival de Cine Internacional de San Sebastián. También su absoluta protagonista, Marian Álvarez, se llevó la Concha de Plata a Mejor Actriz. Y no es para menos.
«La Herida» es esa película que no sabrías si recomendar o no. Es tan personal y acorazada como los sentimientos de Ana, su
protagonista, y alma máter del film. No es una película al uso. No hay nudo ni desenlace. Es el simple y doloroso visionado de cerca de la vida de una persona durante casi un año. Podría servir como excelente documental acerca de ese Trastorno Límite de la Personalidad que sufre, y por eso es arriesgado recomendársela a nadie. No todo el mundo la puede entender, no todo el mundo aguantará los 90 minutos del metraje asistiendo a una sucesión de rutina, angustia, ansiedad y dolor. Pero es necesario.
Es necesario ver esta película porque en el mundo en el que vivimos es cada vez menos común pararse a pensar y analizar el comportamiento de los de nuestro alrededor. Nos limitamos a interactuar con nuestros amigos, familia o compañeros de trabajo y darles mayor o menor peso en nuestra vida en función de lo que empaticemos con ellos. Si coincidimos en el espacio y el tiempo con alguien como Ana, irascible, de humor cambiante, encerrada en sí misma y con una forma de ser difícil de entender a priori, lo más probable es que nos olvidemos de ella, que pensemos «qué tía más insoportable» y sigamos nuestro camino, sin darnos cuenta de que esa persona a la que acabamos de abandonar nos está pidiendo ayuda a gritos. Que esa irritabilidad
incontrolable que muestra no es más que la desesperación de querer llorar en el hombro de alguien y que nadie la tolere el suficiente tiempo al lado como para darle esa oportunidad.
Es necesario ver esta película porque tenemos la obligación moral de conocer ese trastorno y saber cómo se manifiesta para reconocer si tenemos algún caso cerca. Es un bien social. Es aprender para ayudar. Vivir en el desconocimiento parece hacernos más felices, pero la verdadera felicidad esta en sentirse útil, y «La Herida» nos enseña tantas cosas
desde su crudeza que no hay Wikipedia o libro médico que pueda hacernos entender tan bien el Trastorno Límite de la Personalidad.
En el film tan solo asistimos como espectadores a la vida rutinaria y demoledora de una chica de 28 años que desconoce su problema y ello la introduce en una espiral de desesperación, ansiedad, impotencia y daño físico y psicológico sin frenos. Asistimos a su soledad provocada pero bajo ningún concepto deseada. A cómo es incapaz de relacionarse si no es a través de una pantalla de ordenador. Cómo pide auxilio un instante antes de odiarse por hacerlo. De la lucha incesante contra algo que no sabe qué es y que tampoco parece preocupar a nadie. Su familia, sus compañeros de trabajo, sus supuestos amigos… hasta su novio. Nadie hace nada. Nadie entiende el verdadero dolor de Ana. Solo lo entendemos nosotros, los espectadores de cada corte, cada quemadura de cigarrillo que se hace a sí misma. Cada vez que de sus heridas emana sangre también emanan las lágrimas de quien solo anhela algo tan simple como la felicidad.
Marian Álvarez es «La Herida». Su interpretación es el oro de esta película, tanto que parece hecha a su medida
por y para su lucimiento como actriz. Ella da vida a Ana y nos hace cómplices de su dolor. Decía al principio de esta crítica que su premio a Mejor Actriz no era para menos, y es que borda un papel tan complicado y con tanto matiz como éste de forma espectacular. Sabemos qué situación, qué frase es la que ha hecho ‘click’ en su cabeza con tan solo su
mirada. Nos duele cada cuchillazo tanto como a ella, sentimos ese alivio y dibujamos una mueca de felicidad cuando la observamos sonreír y creemos ilusos que por fin puede tener una vida normal, sin autolesiones. Merece la pena ver «La Herida» por verla a ella. Por asistir a esa clase magistral de arte dramático y dejarse envolver por la desnudez con la que Marian Álvarez interpreta. Una desnudez de cuerpo y mente.
Por contrapartida, la película adolece de esa falta de historia. No asistimos a ningún desarrollo y ni tan siquiera le ponemos punto y final, puesto que precisamente el final no es más que un suma y sigue. No vayas al cine esperando lo típico. No pretendas tampoco saber por qué Ana adolece de ese trastorno ni si algún día se entera de que la sufre y se cura, o no. El gran fallo de esta película es mostrarnos algo sin explicar ese algo. Sabemos del TLP que padece la protagonista porque hemos leído la sinopsis extendida, de no ser así solo asistiríamos a una sucesión de hechos tan duros como rutinarios sin saber el por qué ni el cómo, y eso no le hace ningún bien al largometraje de Fernando Franco, pues lejos de generar comprensión y empatía del espectador con el personaje, acaba por dar la sensación
de que has pagado una entrada por ver a una inestable mental en su día a día. Nada más.
No hubieran sobrado diez minutos más de película para explicar de dónde viene esa actitud en Ana, o cuanto menos dejar claro que no es una loca sin más, sino que tiene un trastorno pero ni ella ni su entorno lo saben. A pesar de todo, «La Herida» merece la inversión de los 90 minutos de nuestro tiempo solo por conocer más acerca de ese trastorno y por disfrutar de la gran Marian Álvarez, que se convierte desde ya en una firme candidata al Goya el próximo año.
Por Rocío Muñoz
YourWay Magazine

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