Crítica de cine | «El renacido» o el sufrimiento poético

Las palabras supervivencia y sufrimiento adquieren un gran significado en el nuevo largometraje del director Alejandro González Iñárritu. El Renacido explota los recursos que el mexicano mostró en su anterior película, Birdman, y lo lleva hasta los extremos de contar la historia de la lucha del hombre con la naturaleza, y también contra el propio hombre, de una manera onírica.

La película relata una parte de la biografía del explorador norteamericano Hugh Glass. Su travesía por la cuenca alta del río Missouri (en el noroeste de Estados Unidos), en la que se encuentra recolectando pieles para poder venderlas, se ve truncada tras el ataque de un oso. Malherido y sin posibilidades de continuar, otro de los exploradores, Fitzgerald, decide abandonarlo a su suerte dándole por muerto, comenzando así una historia de supervivencia y de venganza.

Volvemos a contar con los planos secuencia que vimos apenas hace un año en Birdman, empleándolos en secuencias de larga duración y de acción. El director mexicano consigue con sus giros de cámara trasladarnos al centro de lo que está ocurriendo, como si fuésemos un participante más de lo que se muestra en  pantalla, y a la vez no marear ni confundir con esos cambios realizados de manera pausada y suave, pero continua.

Tampoco hay que obviar un elemento que da fuerza y sentido a la película, el entorno. Rodada en locaciones de Canadá, México y el sur de la Argentina, la manera en la que logran captar la esencia de lo salvaje, su belleza y su peligrosidad, ayuda a trasmitir esa sensación de que el hombre no puede enfrentarse a la naturaleza y ganar, solo sobrevivir. Pero en este caso no hay solo que alabar la labor de Iñárritu, sino del trabajo que hace Emmanuel Lubezki en fotografía.

Leonardo DiCaprio es otro de los elementos que dan sentido a este metraje. Para interpretar a Glass tuvo que rezumar expresividad y veracidad por los cuatro costados obviando el uso de la palabra, ya que sus líneas de diálogo son más bien pocas. La mirada penetrante y desesperada, los esfuerzos físicos y su gesticulación se combinan de forma perfecta en su persona, mostrando fehacientemente la crudeza de vivir a la naturaleza.

Pero como en toda buena película con un buen actor que hace de “héroe”, también hay un “villano” que tiene que estar a la altura, y ese papel cae en un irreconocible e inmenso Tom Hardy. El actor interpreta a Fitzgerald, un hombre que sólo mira por su propio interés, despreocupándose de los que están a su alrededor, que intimida con la mirada y que es causante de que Glass tenga que sobrevivir él solo.

En contraste con DiCaprio, el trabajo de Hardy se centra más en el diálogo, tratando de convencer y dar veracidad con las palabras antes que con las emociones. Ambos son antítesis de dos maneras de sobrevivir en el mundo.

En definitiva, El Renacido es una cinta hermosa. Los momentos de mayor crudeza se contrastan con la bella fotografía de los paisajes de Lubezki y con una gran labor de montaje para estructurar una narración poética centrada más en cómo contar la historia que en lo que se cuenta, pero de una manera maravillosa.

Daniel San Juan

León. Periodista. Me fui a Madrid para realizar el Máster en Comunicación de El Mundo. El cine es una de mis grandes pasiones y me encargaré de traer las novedades más recientes respecto al mundo de los largometrajes.

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