CRÍTICA DE CINE | “Lobos sucios”, removiendo secretos del franquismo

La historia española encierra muchos hechos poco conocidos. La época de la Guerra Civil y la posguerra es conocida en general, pero faltan datos concretos. La censura del franquismo se encargó de ocultar que sí apoyaba, aunque no públicamente, al bando nazi durante la Segunda Guerra Mundial, y lo único que se conoce abiertamente de esto es el regimiento llamado la División Azul. Sin embargo, poco a poco y con el paso de los años, estas historias pequeñas van saliendo a la luz. Es el caso de Lobos sucios.

Ambientada en plena posguerra española y con la Segunda Guerra Mundial dando pasos hacia su final, el director Simón Casal de Miguel, en el que es su primer largometraje, nos transporta al punto de Europa más alejado geográficamente del conflicto, Galicia, para mostrarnos una película inspirada libremente en la vida de las hermanas Touza. Estas gallegas salvaron a más de 500 judíos que atravesaban España con la esperanza de llegar a Portugal y de ahí a América para escapar del holocausto. Ellas eran las encargadas de llevarles a través del monte gallego hasta la frontera lusa y asegurarse de que la cruzaban.

Esta es la premisa que sigue Casal en su película, pero no es la principal. La principal se centra en las minas de wolframio que había en Galicia, y que suponían un mineral indispensable para el armamento nazi.

En este caso, la película presenta a Manuela (Marian Álvarez) y su hermana pequeña Candela (Manuela Vellés); una trabaja en la mina de wolframio explotada por los nazis en los años de la Segunda Guerra Mundial, la otra se dedica al estraperlo en las montañas. La mina es el centro de esta historia. En los remotos bosques gallegos, ingenieros nazis y guardia civil española dirigen la gran instalación minera, donde conviven presos políticos que redimen sus penas y trabajadores libres procedentes de las aldeas pobres de los alrededores. La región se convierte entonces en un nido de espías de los servicios secretos nazis y aliados. Un sabotaje a la mina será el gran detonante de esta historia.

Sobre este hecho girará la mayor parte de la trama, pero no toda, lo que provoca que Casal acabe cayendo en un error de principiante: querer contar demasiadas cosas en una película.

Nazis, judíos, franquistas, guerras y hasta toques sobrenaturales del folclore gallego será lo que se encuentren los espectadores que vayan a disfrutar del metraje. Demasiadas cosas para una hora y cuarto de película y, como es lógico, algunas no tratadas en profundidad, pero demostrando aun así que se puede hacer buen cine con poco presupuesto y con tan solo seis semanas de trabajo.

Lo mejor de la película, sin desmerecer el trabajo de Simón Casal, es la interpretación de las protagonistas, Marian Álvarez y Manuela Vellés. Ambas se meten de lleno en sus personajes y consiguen dotar de intensidad un par de logradas escenas melodramáticas, haciendo creíbles a sus personajes, desde la fría y distante Manuela hasta la entregada y humanista Candela.

La película no desmerece la pena y su visualización resultará entretenida y agradable para el público. El director ha sabido imprimir un buen ritmo al metraje y todo ello se completa con una banda sonora excelente y unos paisajes gallegos muy bellos. Recomendable para conocer un poco más de la historia española que aún está enterrada.

Daniel San Juan

León. Periodista. Me fui a Madrid para realizar el Máster en Comunicación de El Mundo. El cine es una de mis grandes pasiones y me encargaré de traer las novedades más recientes respecto al mundo de los largometrajes.

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