CRÍTICA DE CINE | El amor es más fuerte que las bombas, el drama del recuerdo de los muertos en los vivos

el amor es más fuerte que las bombas

La exposición póstuma de las obras de la fotógrafa Isabelle Reed, fotoperiodista de guerra de fama mundial fallecida en un accidente de coche, obliga a Jonah, su hijo mayor, a volver a la casa familiar y a pasar tiempo con su padre, Gene, y su introvertido hermano pequeño, Conrad, después de algunos años fuera. Es el momento en que el padre intentará reconciliarse con sus vástagos.

Así comienza El amor es más fuerte que las bombas (Louder Than Bombs) la última película del noruego Joachim Trier, director de Reprise y Oslo, 31 de agosto, que participó con esta película en el pasado Festival de Cannes. Un drama familiar abstracto en el que se mezclan los sentimientos de los diferentes personajes hacia la madre y esposa fallecida y sus situaciones particulares, mientras van intentando recomponer la estructura familiar, destrozada por el suceso.

La historia, escrita por el propio Trier en colaboración con Eskil Vogt, se cuenta de forma lineal y circular. Para ello el director noruego rompe la percepción de la realidad, superponiendo el pasado y el presente, mezclando los sueños con realidad y con voces en off en las que es el propio personaje el que resuelve sus dudas.

Esto hace que el metraje sea un conjunto onírico en el que las primeras impresiones que tienen los personajes de los demás se contradigan, sobre todo las de la fallecida fotógrafa, y que en ocasiones confundirán emocionalmente al espectador.

También intenta ahondar en los conflictos familiares y laborales, secretos entre matrimonios, padres e hijos incomprendidos. Lo realiza a través de tres puntos de vista diferentes: Gene, el viudo que intenta rehacer su vida y entenderse con sus hijos (interpretado por Gabriel Byrne); el vástago mayor, Jonah, que ha logrado el éxito académico y laboral, y que atraviesa una crisis con su mujer tras el nacimiento de su hija (Jesse Eisenberg); y el hijo pequeño, Conrad, un adolescente con problemas de socialización en el instituto e inmerso en sí mismo tras la muerte de su madre (Devin Druid)

Todos ellos unidos por la madre, interpretada por Isabelle Huppert, quien es el eje central del film y que desarrolla su historia y cuenta al espectador sus secretos a través de los diferentes flashback de los personajes.

Trier coloca muy bien las piezas de su metraje. Construye unos personajes muy humanos y suple la falta de originalidad de su guión desgranando los datos poco a poco, aunque previsibles. Sin embargo, intenta abarcar tantos dramas a la vez que hace que la historia principal se pierda y no cause el impacto emocional que pretendía, haciendo que sea casi necesaria una segunda visualización para llegar a entenderla.

Daniel San Juan

León. Periodista. Me fui a Madrid para realizar el Máster en Comunicación de El Mundo. El cine es una de mis grandes pasiones y me encargaré de traer las novedades más recientes respecto al mundo de los largometrajes.

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