CRÍTICA DE CINE | «Passengers», dos náufragos en el espacio

crítica passengers

Hay una cosa que queda muy clara tras ver el último trabajo del director Morten Tyldum, Passengers, y es la buena química entre los dos actores protagonistas, Chris Pratt y Jennifer Lawrence. Por desgracia, es de las únicas cosas buenas que tiene esta aventura especial.

No puede negarse, sin embargo, que el detalle técnico y los efectos especiales son espectaculares. La nave en su totalidad es impresionante y las escenas del espacio y el universo dejan ensimismados.

La película nos transporta a un futuro cercano en el que la humanidad se ve capacitada para abandonar el planeta Tierra en busca de nuevos entornos habitables. Este viaje supone un largo recorrido por el espacio, de una duración de 120 años, que los colonos deben recorrer en estado de hibernación.

Los problemas empiezan cuando, debido a una avería en las cámaras de sueño, un pasajero despierta de su hibernación 90 años antes de llegar a su destino. Desesperado al comprobar que no puede regresar a su cápsula, Jim Preston (Chris Pratt), un joven mecánico, comienza a desesperarse ante la perspectiva de envejecer y morir absolutamente solo.

Sin embargo, conoce a Aurora Lane (Jennifer Lawrence), una escritora de Nueva York que tiene como objetivo viajar por el espacio para después publicar la experiencia en un periódico, y todo cambia para él justo en el momento en el que la inmensa nave empieza a acumular una serie de fallos.

Con esta premisa se presenta un metraje que de primeras las tiene todas para ser una obra excelente, pero que en su conclusión termina diluyéndose y dando la sensación de haber sido escrito de manera inverosímil y por cumplir.

Durante la primera hora veremos la parte más interesante de todo el metraje. El descubrimiento de Pratt como un náufrago en un «barco» lleno de gente. Un papel que borda a la perfección. Además, la ambientación y los destellos de humor hacen que este comienzo discurra de manera fluida.

La cinta avanza entonces hacia la historia romántica, bien llevada en realidad, pero después es donde se precipita. El paso a la aventura es donde tiene el fallo. Secuencias y más secuencias, una detrás de otra, de problemas y cómo solucionarlos, a cada cual más inverosímil, precipitan al metraje a un final un tanto «árido».

Daniel San Juan

León. Periodista. Me fui a Madrid para realizar el Máster en Comunicación de El Mundo. El cine es una de mis grandes pasiones y me encargaré de traer las novedades más recientes respecto al mundo de los largometrajes.

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